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Naturaleza en otoño

12:50hs
sábado 1 de mayo, 2021

Por Julio A. Milat (*)

Mariposa Espejito en flor de Tasi

Transitamos un otoño soleado y cálido en Berisso, donde el frío y las nubes no se atreven a irrumpir todavía.

Ha comenzado hace varios días la caída de las hojas de los árboles de la ciudad y sería interesante que comenzáramos a cambiar nuestras acciones frente a este fenómeno estacional.

En el verano, las hojas han cumplido en oxigenarnos y darnos la mayor sombra que les fue posible, disminuyendo las temperaturas del asfalto, el cemento de las paredes y el metal de nuestros autos. Ahora, cumplido su ciclo en los árboles, caen al suelo para formar parte del ciclo de los nutrientes y la materia orgánica.

En días en los que el sol por la tarde se estira en sus sombras, el espectáculo de las hojas en la vereda molesta: queremos deshacernos de ellas, las barremos, las quemamos o aún peor, las metemos dentro de bolsas de plástico negro…

No se nos ocurre dejarlas o juntarlas en el rincón de nuestro patio o jardín, mojarlas y convertirlas en futura materia orgánica de nuestras plantas, macetas y canteros.

No se nos ocurre algún programa de reciclado pequeño, barrial, modesto, que nos permita reutilizarlas y no desperdiciar cientos de bolsas de plástico caras.

Mariposa Cuatro Ojos

Triste final para tanta materia orgánica, terminar sepultada y embolsada en un relleno sanitario.

Extraño las quintas de mis abuelos, ejemplo perfecto de rotación de cultivos, del uso de la tierra; los restos de comida y hojas secas a un rincón del humilde gallinero, las mismas gallinas se encargaban de removerlo y airearlo con sus patas. Y luego de unos días ir a buscar allí unas tremendas lombrices para ir a pescar al Canal Génova.

Lo que hoy se trata de imponer con los nombres de huerta, orgánico y compostaje, lo aprendíamos todos los días con nuestros abuelos. Pero pareciera que toda una generación borró esos saberes y nos ganó lo rápido y envasado, para tener que volver a las estaciones, a la luna y a los ciclos de la naturaleza, porque allí está la verdad de cada proceso.

Luego de esta reflexión vuelvo al otoño, estación silenciosa en lo que se refiere a aves. Ellas están, pero ya no hay que cantar tanto para atraer la pareja o defender el territorio. Frenaron los incesantes viajes al nido para alimentar a los pichones.

Estamos en días de migración y de cruces de viajeros. Ya partieron las golondrinas hacia el norte de América del Sur y por cielos berissenses pasan las bandadas ‘de largo alcance’, que llegan hasta Canadá y Alaska en su peso pluma de poco más de 100 gramos, en muchos casos intentando recorrer estos miles de kilómetros por primera vez.

Dama de noche

Y a Berisso llegan visitantes de Patagonia, que vienen a pasar un invierno más agradable en tierras bonaerenses. Así tenemos a las golondrinas (en este caso las patagónicas), una calandria, la real;  un pariente del hornero, la remolinera; y algunos primos del benteveo como el sobrepuesto y la dormilona.

Los horneros comienzan adelantados la construcción de sus nidos y en el aire flotan los teros, gritando y volando para conseguir la unión preferida.

Sol y calor nos permiten el regalo de las mariposas, revoloteando mientras esperamos el cambio del semáforo, o posadas “asoleándose” literalmente en nuestros patios.

Las reinas de las metamorfosis aprovechan la floración de las últimas plantas nativas como la Mariposera, la Vara de Oro o la enredadera llamada Guaco que cubre los árboles de nuestro monte.

Así las mariposas Espejitos, las Monarcas o las Cuatro Ojos compiten para ver cuál es la más numerosa de la temporada.

En el monte se extiende la floración de la Dama de Noche, enorme plato blanco que se abre en la oscuridad para la visita de mariposas nocturnas.

Pareja de Gavilanes mixtos en techo del Instituto Argentino de calle 12

Las mañanas con neblina garantizan días despejados. Las sombras se alargan y el sol se torna más dorado que nunca.

Hay nuevos visitantes surcando los cielos de la ciudad. La silueta del Gavilán mixto vino para quedarse, una rapaz que hace ejercitar en modo fuga a las palomas de la Hilandería, María Auxiliadora y la Escuela 2.

Y al atardecer, con un sol que baja cada vez más temprano, se escuchan los alborotos de los gorriones juntándose en sus dormideros.

Y a esa misma hora, las antenas se empiezan a poblar de aves de color negro: los estorninos, inmigrantes de tierras lejanas. Llegan de todas las esquinas de la ciudad, hacen el after hour y luego se juntan a pasar la noche en árboles, más seguros y calentitos.

Allí decidirán si se convierten en una especie invasora para la avifauna de la región y las consecuencias de esa conducta.

El año se presenta difícil, la vida en el planeta se enrareció, pero la ventana de casa sigue brindando espectáculos que nos ayudan a sentirnos mejor.

Cierren los ojos, tomen baños de sol, que la vida siempre se abrió paso, aún en los escenarios más difíciles.

(*) El autor es el titular del MOCIA (Museo Ornitológico y Centro de Interpretación Ambiental) de la Municipalidad de Berisso.

 

 

 

 

 


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