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Invierno en Berisso

13:32hs
domingo 27 de junio, 2021

Por Julio A. Milat (*)

Carpintero real (Julio Milat)

Comenzó el solsticio de invierno y la ciudad no lo disimula; menos horas de luz que comienzan a expandirse minuto a minuto.

Los árboles ganan fuerzas hacia adentro, en introspección de energías, para alcanzar la lejana primavera.

En las ramas se contabilizan los nidos del pasado verano, los más armados de los Zorzales, los desflecados de los Benteveos y los palitos apoyados sin más de las palomas.

Palomas Torcazas (Julio Milat)

Las palomas pueden nidificar en invierno, las Torcazas de tamaño mediano y color grisáceo inflan sus buches para buscar parejas. Su ritmo reproductivo no se detiene, sin hojas ni sol apuestan a otra nidada.

La paloma Picazuró, de mayor tamaño, se junta al atardecer para repetir sus tres sílabas características junto a otros ejemplares. Su nido contiene un solo huevo, a diferencia de otras palomas que ponen dos.

Otra nueva especie, más reciente en la ciudad, es la Paloma de ala manchada, similar en tamaño a la Picazuró, con las manchas blancas en sus alas cerradas.

Paloma Picazuro (Julio Milat)

Entre las ramas también podemos observar estructuras redondeadas, de color marrón, que pertenecen a la Avispa Camoatí, pequeña avispa con una mancha amarilla en el dorso que construye estos panales, de consistencia liviana, con astillas de madera humedecidas que al secarse toman la consistencia de un cartón. Son las responsables de darle el nombre a una querida institución vecinal de mi antiguo barrio, el Club Camoatí, en la calle Unión.

Panal de avispas Camoatí (Julio Milat)

Casi no hay insectos, ni mariposas, ni mosquitos, pero los gusanos que se esconden en un fruto maduro o debajo de la corteza de los árboles son descubiertos por el picotear incesante de los pájaros Carpinteros, en Berisso representados por tres especies, el Carpintero Real, el Carpintero Campestre y el Carpintero Bataraz, todos auscultadores de la pared de los troncos, en busca de los sonidos de larvas y gusanos que viven la madera. Para ello están provistos de una larga lengua pegajosa que introduce en los huecos con el fin de alimentarse.

Culebra pasando el invierno en un nido de Hornero abandonado. (Julio Milat)

Si no se encuentra nada en los árboles, los suelos proveerán de hormigueros cargados de hormigas.

Ahora se ha sumado una cuarta especie en la ciudad, el Carpintero Blanco, llegado de las provincias del norte, que se dedica a consumir lo que los otros carpinteros no comen: la miel y las larvas de los panales de Avispa Camoatí. Todo sirve, todo se aprovecha.

Carpintero blanco (Julio Milat)

Los reptiles no figuran en modo invierno, no controlan la temperatura de la sangre como nosotros los mamíferos, por ello son llamados de sangre fría. Necesitan el calor de un sol intenso de primavera para moverse y alimentarse. Por este motivo, al llegar el invierno deciden aletargarse en una reparadora siesta en una cueva, o debajo de un tronco, para regresar a sus actividades cuando el sol recobre su intensidad.

Si miran hacia el bosque en Los Talas, podrán identificar a las dos especies más importantes de los talares; la que mantiene su color verde recortado contra el paisaje, el Coronillo, y la que se muestra sin hojas, el Tala, así de simple.

En la copa de los talas podrán observar los grandes nidos del Leñatero, pariente del Hornero, que hace también su nido cerrado pero con ramas de Tala, bien trabado con sus espinas.

Nido de Leñatero (Julio Milat)

Verán volar una bandada de Pirinchos, así llamados por el copete despeinado de sus integrantes, que recorren los árboles y el pastizal en busca de ranas, ratones y huevos y pichones de otras aves. Su canto es muy reconocible, de notas descendentes que terminan en ruidos roncos y apagados.

Bandada de Pirinchos tomando sol en invierno. (Julio Milat)

En estas mañanas de invierno es posible verlos juntos en una rama, de espaldas al sol y con las alas abiertas para poder calentarse.

Así comienza el invierno en Berisso, con la naturaleza dependiente de los mejores recursos.

(*) El autor es el titular del Museo Ornitológico y Centro de Interpretación Ambiental (MOCIA), que depende de la Dirección municipal de Cultura.

 


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