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Gauchito Gil: se viene procesión a Los Talas

9:41hs
viernes 7 de enero, 2022

Unirá este sábado el puente de Montevideo y 40 con un predio ubicado frente a la Escuela 23 en el que se montó hace más de quince años un pequeño santuario.

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Este sábado a las 6:00 de la mañana partirá desde Montevideo y 40 la caravana anual con la que se conmemora en la ciudad el Día del Gauchito Gil. En auto, moto o a caballo, los devotos del Gauchito unirán el punto de encuentro con el predio localizado frente a la Escuela 23 de Los Talas en el que se erigió un santuario a esta figura de la religiosidad popular, a la que se venera particularmente en la Mesopotamia.

“Hace quince años organizamos esta procesión”, expone Antonio, uno de los devotos berissenses del Gauchito, describiendo que el festejo se extenderá a lo largo de todo el día.

Como todos los años, los organizadores de la caravana compraron algo para comer y tomar, que compartirán en forma gratuita con los asistentes. Es habitual que, una vez agotado ese stock inicial, se organice ‘a la gorra’ la compra de más comida y bebida.

Devoción popular

Como sucede con la Difunta Correa o San Expedito, el Gauchito Gil -nombre con el que se conoce a Antonio Mamerto Gil Nuñez- ocupa un sitial de preferencia en el campo de la devoción popular. Todos los años, miles de argentinos le rezan, le piden protección y le agradecen. Los devotos tienen por costumbre tocar bocina al pasar por alguno de los miles de pequeños altares montados en orillas de la mayoría de las rutas nacionales. Quienes lo veneran especialmente, incluso se detienen, prenden una vela y dejan como ofrenda un trago de vino o cigarrillos.

Definido como un ‘santo pagano’, Antonio Mamerto Gil Nuñez nació a mediados del siglo XIX en Mercedes (Corrientes), hijo de José Gil y Encarnación Nuñez.

Conforme a la recopilación de datos históricos, creció como peón rural, sufriendo la imposición de pelear la Guerra de la Triple Alianza, siendo más tarde reclutado para formar parte de las milicias que luchaban contra los federales.

Ya en terreno de leyenda, se cuenta que el dios guaraní Ñandeyará se le apareció en sueños para instarlo a no participar de luchas en las que se derramara sangre de sus semejantes, lo que lo llevó a desertar del ejército.

Esa deserción, más su apego a una mujer que era pretendida por un comisario, fueron algunos de los motivos que le habrían ocasionado la muerte, mientras su popularidad crecía entre la peonada correntina, que lo ungió como un justiciero que protegía a los humildes, robaba a los ricos para darle a los pobres y hasta sanaba a los enfermos.

Pese a que el pueblo lo protegió, lo alimentó y lo cuidó, su captura fue inevitable. Si bien consiguió escapar de múltiples emboscadas, cuenta la tradición oral que un 8 de enero (de 1874 o de 1878 según se especula) fue atrapado y mientras era conducido a Goya para ser juzgado, fue colgado boca abajo en un árbol por los soldados, aproximadamente a ocho kilómetros de Mercedes.

Si bien ninguno de los soldados de origen humilde aceptó ejecutarlo, la tarea quedó en manos de un coronel, que lo degolló siguiendo la orden de un superior. Cuenta también el mito que su sangre “cayó como una catarata que la tierra se bebió de un sorbo”, por lo que el propio verdugo se convirtió en su primer devoto.


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