COLECTIVIDADES

Hacia la elección de la nueva Embajadora Provincial del Inmigrante

Cada día, una postulante

19:04hs
martes 4 de octubre, 2022

Las Representantes Culturales de las colectividades se presentan en un ciclo producido por Berisso TV.

El sábado 8 de octubre se elige a la Embajadora de la 45ª Fiesta Provincial del Inmigrante. Este martes, a través de una producción de Berisso TV, conocemos a Abril Gosella Costandinoff, Representante Cultural de la Colectividad Búlgara.

Diferentes rasgos, identidad única

La inmigración búlgara hizo pie en Argentina sobre todo a partir de 1920. La Gran Guerra generó en el país una grave crisis económica, que empujó a una importante cantidad de personas a buscar nuevas latitudes en busca de supervivencia o de mejores condiciones de vida.

El hecho de haber actuado durante el conflicto junto a Alemania, la derrota frente a los Aliados y las cláusulas de los tratados de paz que pusieron fin a la guerra, vedaron a los búlgaros de la posibilidad de ingresar a EEUU, Francia, el Reino Unido y sus respectivas colonias, con lo que Sudamérica resultó uno de los principales destinos elegidos.

La mayoría de los que llegaron a Argentina se dedicaban en su patria a la agricultura. En algunos casos encontraron aquí posibilidades laborales en el cultivo de algodón en Chaco, o en la sede de YPF en Comodoro Rivadavia. Sin embargo, en buen número se instalaron en otros centros industriales, uno de ellos el representado por los frigoríficos berissenses. Se calcula que la cantidad de búlgaros que residían en Argentina hacia 1934 era de aproximadamente 30.000.

La Sociedad Cultural Búlgara “Ivan Vazov” -así bautizada en honor al gran poeta- nació en Berisso el 14 de agosto de 1955, de la mano de Teodoro Stoianoff, Pedro Ivanoff y Ángel Alexandroff, entre otros, quienes se trazaron el objetivo de contar con un centro de reunión para la colectividad, proyectado hacia sus hijos y nietos.

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Gracias al aporte económico de los primeros asociados, con el correr de los años pudo adquirirse una propiedad en la céntrica Avenida Montevideo, en la que se edificó la sede social en la que actualmente se desarrollan actividades de diversa índole, como los ensayos del reconocido ballet Sedianka y las clases de idioma.

Los rasgos físicos de los búlgaros son muy variados: hay rubios y morenos, de ojos azules y marrones, bajos y altos. Del mismo modo, hay diferencias marcadas en cuanto a carácter e idiosincracia de acuerdo a la región en que habite cada uno. Entre los principales elementos aglutinantes aparece el lenguaje (de origen eslavo) y el folklore y las tradiciones, por las que los búlgaros son incluidos en el denominado ‘grupo balcánico’.

La cultura y costumbres búlgaras todavía contienen algunos elementos de las tradiciones pre-cristianas. Sólo para citar un ejemplo, puede aludirse a los carnavales de Kukeri, en los que la gente se viste con disfraces de animales con el fin de ahuyentar espíritus malignos.

La música tradicional, fundamentalmente interpretada por voces femeninas, porta un sonido al que muchos definen como conmovedor. Un indicio nada menor lo constituye el hecho de que la música de El misterio de las voces búlgaras se incluyó en la cápsula del tiempo en la nave espacial Voyager 2, cuyo objetivo fundamental fue el de poner en órbita obras trascendentes de la humanidad para un posible contacto con otras civilizaciones.

Buenas intenciones

Entre las costumbres más interesantes de la cultura búlgara figuran la relacionada con las Martenitzi, colgantes hechos de hilos de lana blancos y rojos que simbolizan buenos deseos respecto a salud, fertilidad y amor. Se trata de una tradición muy antigua, de la época pagana, que año a año recrean sobre todo los niños y los mayores de edad.

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El 1º de marzo se celebra Baba Marta (‘abuelita marzo’, literalmente) y los hogares reciben a la primavera ‘barriendo’ simbólicamente los meses del invierno. Muchos búlgaros van decorados con las martenitzi y las conservan hasta la llegada de la primera cigüeña; entonces las cuelgan en los árboles para que se cumplan sus deseos. Otra costumbre que pone en evidencia que se trata de un pueblo de ‘buenas intenciones’ es el de los Surva, o Surovachka (ramitos de cornejo de forma tradicional, decorados con lazos multicolores, palomitas de maíz y frutas secas), con los que los niños ‘golpean’ a sus seres queridos para desearles salud y suerte.


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