DEPORTES

El acto de justicia deportiva más grande de todos los tiempos

9:17hs
lunes 26 de diciembre, 2022

Por Narella Senra (*)

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Foto NA: REUTERS/Carl Recine TPX IMAGES OF THE DAY

La Selección Argentina llegó al Mundial con la chapa de candidata. La Copa América ganada a Brasil en el Maracaná, la Finalissima ante Italia en Wembley y el mayor número de partidos invictos de la historia, invitaban a creer que el conjunto comandado por Lionel Scaloni podía volver a coronarse después de 36 años, en el posible último Mundial de Lionel Messi.

En ese Mundial imaginario que jugamos en la previa, el primer tramo sería sencillo, no sólo por el peso específico de las selecciones a enfrentar, sino también por el orden de los partidos.

Nos aseguraríamos los tres primeros puntos ante Arabia, el rival más débil; pelearíamos el partido ante un México que siempre ofrece resistencia aunque con limitaciones futbolísticas y con un entrenador cuestionado; y ya con la clasificación asegurada nos enfrentaríamos a una Polonia cuya única amenaza podía ser Lewandowski, de modo que tener controlado al delantero polaco nos podía asegurar el primer lugar y el puntaje ideal en el Grupo C.

Pero el camino resultaría mucho más sinuoso que el que imaginábamos. El 22 de noviembre, el estadio más grande de todos, el imponente Lusail, se convertiría en testigo del golpe inesperado: Arabia Saudita derrotaba con autoridad a la Selección Argentina y la obligaba a ir en busca de los tres puntos ante un México que llegaba de empatar sin goles ante Polonia y que había demostrado tener argumentos futbolísticos para dañar.

No había margen para el error. Una derrota dejaba a la Selección virtualmente eliminada y en el mejor de los escenarios ya se podía vislumbrar un choque ante Francia en octavos de final. Las instancias decisivas se adelantaron y a partir de México todas iban a ser finales. Y así se jugó la primera de ellas, dentro y fuera de la cancha.

Los minutos pasaban, Argentina no lograba ponerse en ventaja y en las tribunas se mezclaban los cantos de aliento de los argentinos con los gritos ensordecedores de mexicanos que, durante varios minutos, nos hicieron creer que la novela de Messi en los mundiales podía no tener un final feliz. Hasta que les respondió el mismísimo capitán con ese gol que se gritó desde Argentina hasta Bangladesh, ese otro país de dimensiones superiores que nos enseñó que la locura y la pasión no sólo son nuestras y que se puede generar sentido de pertenencia sin conocer ni una sola palabra de nuestro idioma.

El triunfo con México -sobre todo a partir de lo que se vio en el segundo tiempo- nos devolvió las esperanzas y nos acercó al recuerdo de esa selección imbatible, recuerdo que se ratificaría aún más tras la victoria contundente y sin sobresaltos ante Polonia.

Los sorpresivos octavos ante Australia, rival al que no esperábamos, se sortearon con tramos de buen juego y una pizca de sufrimiento sobre el final, con la primera gran atajada del ‘Dibu’ Martínez, quien evitó lo que podía ser un injusto empate sobre el final del partido.

Países Bajos fue el primer gran contrincante, no sólo por la jerarquía de su plantel sino también por la experiencia de su seleccionador Louis Van Gaal, quien en la previa se había encargado de ‘calentar’ el partido con declaraciones sobre el juego de Messi.

Al momento de presentar las cartas, el ajedrecista Scaloni no dudó en modificar el esquema 4-3-3 que tanto resultado le había dado. Con una línea de 5 y un sistema espejo, contrarrestó a los neerlandeses y controló a Blind y Dumfries, los más peligrosos.

Pero una vez más, el fútbol quiso ser protagonista y dio señales de lo injusto que puede ser cuando se lo propone. En menos de diez minutos el gigante Weghorst, con tan sólo dos minutos en cancha, puso el primero de cabeza, para más tarde emparejar el marcador con una jugada preparada fantástica, extendiendo el partido al alargue.

Y en esos segundos quince minutos de la prórroga me quiero detener, porque encuentro allí el punto de inflexión en esta Copa. Fue entonces cuando se puso de manifiesto la capacidad de la Selección Argentina para sufrir y reponerse. Se puede citar al mismísimo Messi diciendo que era una selección ‘que sabe sufrir’. Claramente fue ése uno de los rasgos distintivos del plantel, más allá de los argumentos futbolísticos y de los destacados desempeños individuales. El equipo supo salir adelante en situaciones adversas, dando acabadas muestras de carácter.

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Foto NA: FIFA

Cuando Argentina va a la tanda de penales frente a Países Bajos, me atrevo a decir que ninguno de los 47 millones de argentinos experimentábamos una sensación positiva. Un empate en el último minuto después de estar 2 a 0 arriba podía ser el presagio de un desenlace trágico. Pero aparecieron el carácter, el ‘Dibu’ Martínez, de nuevo el gran capitán Lionel Messi y Lautaro Martínez, futbolista que no tuvo su mejor mundial, pero que cuando tuvo que patear el penal ‘caliente’ lo hizo muy bien.

El partido contra Croacia se presumía el más difícil: el rival venía de eliminar a Brasil. Sin embargo, termina siendo el de trámite más sencillo para Argentina, merced en buena medida a un nuevo acierto de Scaloni a la hora de plantear el equipo, sumando otro mediocampista. El peligro de Croacia pasaba casi exclusivamente por la capacidad de generar juego de Luka Modric, pero al controlar al del Real Madrid, Argentina fue claramente superior y llegó a la final no solamente habiendo aprendido a sufrir y dando demostraciones de carácter, sino también habiéndose encontrado con su mejor fútbol.

La final ante Francia, un duelo parejo, lo empieza a ganar Scaloni antes de que pite el árbitro polaco. Todo el mundo esperaba que la Selección saliera al campo con una línea de 5 sumando a Lisandro Martínez, pero Scaloni sorprendió (incluso al propio Didier Deschamps) con un equipo súper agresivo, con la inclusión de Di María y jugando además por la izquierda. Sin lugar a dudas, esa termina siendo la clave de la victoria parcial consolidada en la primera etapa. Desde mi punto de vista en esa decisión de Scaloni se encuentra la clave de cómo se definió esta gran final.

La mejor final para el mejor de todos los tiempos

El final del Mundial trajo de la mano al acto de justicia deportiva más grande de todos los tiempos. El fútbol finalmente le tenía preparado a Messi -para mí el mejor futbolista de la historia- la consagración más épica de los mundiales. Una final a la altura de lo que merece un futbolista único, que se cansó de batir récords, superando en goles al ‘Bati’ y en capitanías a Diego y convirtiéndose en el jugador con más partidos disputados en la historia de la Copa del Mundo, con chances de seguir batiendo récords si decide seguir jugando hasta 2026.

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Foto NA: REUTERS/Hannah Mckay

Más que un inolvidable partido de fútbol y que otra final ganada por la Selección Argentina, lo que se vivió el 18 de diciembre fue una una lección de vida. Messi diciéndole al mundo que con perseverancia, paciencia, esfuerzo, trabajo y resiliencia se pueden alcanzar los sueños. La imagen junto a sus hijos con la Copa es un mensaje fuertísimo que cala en mucha gente.

Los mensajes indicados

Antes de que comenzara a rodar la pelota, Lionel Scaloni ya enfrentaba una difícil situación: la de decidir esperar o no la recuperación de algunos de sus jugadores. En ese momento, decidió apartar de la lista a dos futbolistas que habían sido muy importantes en su ciclo, Nicolás González -titular durante gran parte de la Copa América a la vez que reemplazante natural de Di María- y Joaquín Correa, quien hasta entonces había sido su primera alternativa de reemplazo en el ataque, ‘su 9’ detrás de Lautaro Martínez.

Esa decisión fue un primer mensaje claro hacia el interior del grupo: ‘necesito jugadores al 100% desde lo físico y no me tiembla el pulso si tengo que reemplazarlos’. Se escucharon algunas críticas de quienes entendían que Ángel Correa y Thiago Almada, jugadores que ingresaron en lugar de los marginados, no enriquecerían al plantel, como lo hubieran hecho un 9 más del estilo Giovanni Simeone o un jugador de la explosión de Garnacho. Pero fue otro mensaje hacia el interior del grupo, ya que quienes se incorporaban eran los que seguían en el orden de consideración.

Además de haber demostrado una gran capacidad para liderar el grupo, tras el partido ante Arabia Saudita Scaloni hizo ajustes en el equipo que evidentemente lo mejoraron. A la hora de plantear el equipo que saldría a jugar contra México, decidió dejar en el banco al ‘Cuti’ Romero, Leandro Paredes y Nahuel Molina, jugadores fundamentales a lo largo de su ciclo como técnico. Allí quedó abierta definitivamente la puerta a los jóvenes que terminaron siendo revelación: Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez.

Pero el mensaje quizás más importante que bajó a lo largo de toda la Copa, tuvo que ver con ‘correrse de la escena’, para dejar que sean los jugadores quienes asuman el real protagonismo. Entre sus grandes virtudes estuvo la de transmitir todo el tiempo tranquilidad, invitando a ‘disfrutar el camino más allá del resultado’, otra máxima disruptiva para los tiempos que corren.

(*) 

La periodista berissense cubrió las alternativas de la Copa del Mundo en Qatar para DirecTV Sports y D Sports Radio. Al cierre de esta edición, su vuelo de regreso a la Argentina hacía escala en Nueva York, permitiéndole compartir algunas impresiones respecto del Mundial.

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La periodista Narella Senra, apostada en un estadio de Qatar en el marco de la cobertura para DirecTV Sports y D Sports Radio.

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