





Después de más de 14 años de trabajo en su tradicional local de calle 10, el supermercado “El Galpón” se radicó en 11 entre 153 y 154, en un amplio local especialmente diseñado para ofrecer comodidad a sus clientes, además de una mayor cantidad y variedad de productos.
Jorge Georgieff y su esposa Lorena Moiso, impulsores del proyecto, adquirieron la propiedad hace unos seis años y hace tres iniciaron la obra. “Mi esposa fue la que me impulsó a comenzar con la construcción y así le fuimos dando forma al lugar. La arquitecta Ivana Martínez fue la autora del proyecto y con la experiencia del otro local, apuntamos a las cosas que necesitábamos cambiar y diseñamos este nuevo”, explicó Georgieff.
La construcción se efectuó desde las bases y demandó una labor de exactamente tres años, que permite contar ahora con un salón de ventas que abarca 500 metros cuadrados, más sectores de depósitos y oficinas administrativas en un espacio de similares dimensiones.
Además, el local se destaca por tener estacionamiento propio, al que se sumará como novedad en poco tiempo la incorporación de una playa cubierta en la esquina de 11 y 153.






Junto al desarrollo de la vistosa propuesta arquitectónica, los responsables del comercio trabajaron en ampliar la variedad en la oferta de productos y marcas exhibido en góndola.
“Desarrollamos mucho el tema de productos para personas celiacas, agregamos un espacio de bazar, ampliamos el área de congelados y lácteos. Al contar con mayor espacio pudimos traer productos nuevos”, describe Georgieff.
Una experiencia placentera
Las nuevas instalaciones y la nueva disposición de los productos permiten a los visitantes disfrutar de una experiencia grata mientras realizan sus compras.
“Buscamos que para los vecinos ir al supermercado no sea una tortura. Ahora contamos con espacios muy amplios para moverse, ya no se escucha más la palabra ‘permisoooo’ entre quienes se desplazan por los pasillos. Contamos con aire acondicionado central, luminarias nuevas y le dimos un toque especial a la zona de cajas, algo que destacan nuestros clientes”, mencionó Georgieff.
El ’estreno’ de casa abrió la puerta también a novedades en cuanto a ofertas. Al respecto, el supermercadista señaló que la apuesta es ofrecer precios competitivos con el apoyo de empresas proveedoras que aportan ofertas puntuales. “El desarrollo comercial se va haciendo de a poco y estas firmas confían en nosotros. Contamos con muchas ofertas. Pudimos por ejemplo bajar los precios de los lácteos porque por el mayor volumen de compra obtenemos bonificaciones que volcamos a los clientes. Con este nuevo espacio podemos desarrollar distintas iniciativas. También nosotros nos estamos acostumbrando a una nueva dinámica”, sostuvo.



En estos momentos son más de quince las personas que trabajan en “El Galpón”, respetando la premisa de ofrecer ‘calidad en la atención’, un principio en el que pone el acento Georgieff. “Por suerte tenemos un gran equipo de trabajo que está comprometido con esa visión. Tenemos que atender a la gente como nos gusta a cada uno de nosotros que nos atiendan en un comercio”, advierte.
Poder adquisitivo ‘super-comprimido’
Pese a que no llega a los cincuenta años de edad, el titular de “El Galpón” acredita una prolongada trayectoria en la actividad comercial. Desde muy joven se inició en la tarea del corretaje, apostando por aquellos días a la venta a locales de la ciudad de artículos variados que adquiría en centros de producción y distribución.
La valiosa experiencia que fue sumando en el rubro supermercado amplió su visión respecto de los resortes que hacen a la dinámica de la actividad comercial. La mirada se enriqueció a partir de las novedades cotidianas que le aporta el hecho de desempeñarse actualmente como vicepresidente de la Cámara de Comercio e Industria local. En esa posición, conoce de primera mano las dificultades que atraviesa el sector.
“Vemos que el poder adquisitivo de la gente está super-comprimido, severamente deteriorado. En este nuevo local, por ejemplo, advertimos un aumento en la cantidad de personas que ingresan, pero ese mayor volumen de clientes no impacta en la cantidad de artículos que se venden”, expone Georgieff.




El consumo promedio por ticket, asegura, cayó en los dos últimos dos años en un treinta por ciento. La persona que antes llevaba trece artículos hoy lleva nueve o diez. “Pudimos lograr que venga más gente, pero el promedio de venta es por el momento igual al del supermercado anterior”, precisó el supermercadista, indicando que la mudanza representó un crecimiento de entre el 25 y el 30% en el número de personas que ingresan al local.
“Nos ayudan las nuevas comodidades y el buen comentario de la gente. Tal vez es temprano para hacer una evaluación de dónde se estacionará el nivel de visitas. Por lo pronto seguimos trabajando mucho e iremos ampliando la difusión de nuestra propuesta por ejemplo con información en redes sociales”, apuntó Georgieff, que junto a su esposa Lorena celebrará el próximo 1º de agosto quince años al frente del supermercado, que sin dudas se convirtió en uno de los grandes referentes del comercio local.