Por Walter Szumilo

Vivir viajando: sueño de muchos y circunstancia de no tantos. Romi y Richard coinciden en edad (ambos transitan los 42), lo que resulta apenas una anécdota frente a todo en lo que coinciden. Son pareja desde hace cuatro años -se conocen desde hace bastante más- y en estos dÃas cumplen un año de iniciar el viaje con el que piensa unir, a bordo de sus bicicletas, la ciudad de La Quiaca, en Jujuy, con la de Ushuaia, en Tierra del Fuego. Miles de kilómetros que serán muchos más tratándose de un viaje que no depende del reloj ni el calendario, con una ruta incierta que seguirá configurándose metro a metro.
El proyecto, bautizado ‘En una pedaleada’, empezó a cobrar forma hace dos años, mientras compartÃan vacaciones precisamente en Humahuaca, desde donde ahora brindan detalles de la experiencia, en un alto en el camino.
“Estábamos acá y ya no aguantábamos volver y reacomodarnos a la rutina. El sueño empezó ahÃ. Desde entonces sumamos y sumamos trabajo para tratar de terminar nuestra casa y comenzamos a ahorrar para poder comprar nuestras bicis y reunir todo lo necesario para partirâ€, apunta Romi.


Richard es maestro calderero formado en el ARS, en donde trabajó hasta tomar la decisión de partir. Tiene también conocimientos de albañilerÃa, plomerÃa y otros oficios y además es músico. Romi es profesora de Educación FÃsica y Artes Plásticas y Psicomotricista. Esas esferas en las que multiplicaron horas de labor para poder contar con un ‘capital’ de arranque son las que sostienen como fuente de ingresos para poder seguir viajando. En pos de financiar los pasos que siguen, la dupla toma trabajos de mantenimiento, construcción o reparaciones, vende ilustraciones, pinta murales u ofrece pintura de obra, brinda talleres de artes plásticas y hasta ofrece el servicio de reparación de bicicletas.
Entre sus pertrechos van, cuidadosamente acomodados en las cuatro alforjas, el bolso estanco en el manubrio y la parrilla de ambas bicicletas -bautizadas ‘la Colo’ (la de Romi) y ‘el Camello’ (la de Richard)- decenas de elementos necesarios para la vida itinerante.

Viajan también múltiples esas habilidades y conocimientos que les permiten costear la aventura, junto a años de experiencia viajera transitados en soledad o con compañÃa. Lo más importante del equipaje resulta la sabia certeza de que importa más ir que llegar.
Norte
Primer tramo: Berisso – Jujuy. “Salimos pedaleando de casa hasta la estación de trenes de La Plata, para llegar a Constitución. Pedaleamos a Once, desarmamos las bicis y embalamos todo, para sumarnos a un ‘bus de compras’ con San Salvador de Jujuy como destinoâ€, repasa Romi para recordar la previa del inicio del tour hoy en marcha.
Las bicis son dos MTB rodado 29 de aluminio, industria nacional, que pesan alrededor de 14 kilos. Tienen algunas modificaciones respecto de su salida de fábrica, efectuadas siguiendo algunos consejos de ‘Ale’, del emprendimiento platense Ale Bikes, cicloviajero que rodó por la Puna hace unos años.

“Ese dÃa fue toda una seguidilla de pormenores que superamos con ansias. Llegamos a Jujuy en las siguientes 24 horas para volver a armar nuestras bicis, acomodar alforjas y empezar a pedalear. Nos tomamos una semana allà para aclimatarnos e iniciar una ruta que nos llevó por la zona de los Valles, luego las Yungas, hasta llegar actualmente a la Quebradaâ€, continúa Romi.
La Almona, Diques Los Alisos, Las Maderas, La Ciénaga, 5 Dedos, San Antonio, El Carmen, Monterrico, Perico, San Pedro, El Quemado, Chlicán, Fraile Pintado, Ledesma, Calilegua, San Francisco, Valle Grande, Valle Colorado, Santa Ana, Caspalá, Palca de Aparzo, Aparzo, Hornocal, Humahuaca. Pequeños puntos en un mapa que la pareja viajera ahora puede describir detalladamente en colores, texturas, sabores y sonidos. Entre tanta belleza sobresale la del factor humano.
“No tenemos pensado un tiempo de recorrido, ya que apuntamos a un viaje lento en el que tocamos puntos quizás no tan turÃsticos, lo que nos permite conocer a la gente de cada lugar. Es un viaje con propósito: intentamos dejar algún aporte a las comunidades que visitamosâ€, indica Romi.

El tope del recorrido diario no lo marca la distancia en kilómetros, sino factores como el clima, el cansancio o el estado de ánimo. Hasta ahora en ninguna jornada se superaron los cien kilómetros: hay mucho por descubrir en cada rincón y a la vez, alguna tarea para la que los contratan puede demandar más tiempo del inicialmente previsto. A grandes rasgos, lo que pueden afirmar es que uno de los grandes objetivos para este año es llegar a La Quiaca, para luego iniciar otra fase del trayecto.
“Todos los dÃas tenemos la oportunidad de disfrutar de muchas cosas en el camino. Andar en bici te da la chance de tener una conexión cercana con los lugares: ver, escuchar… Se le da valor a un montón de cosas a la que de otra forma por ahà no les prestás atención: desde encontrar leña cuando no hay tanta hasta descubrir una vertiente cuando tenemos sedâ€, apunta Richard, insistiendo no obstante en que nada es tan gratificante como conectar con los pobladores de los sitios visitados. “La gente siempre nos da una mano, se comporta de manera muy amable. Nos pasó en estos meses reencontrarnos con alguna gente a la que habÃamos visto en otro pueblo a 150 kilómetros de distancia y vamos forjando lazos que perduranâ€, añade.
Toparse con algún otro ‘cicloviajero’ también es especial. Es encontrarse con un camarada, un ‘hermano’ que conoce en primera persona todo lo que representa esta experiencia.
Esos encuentros con lugareños o viajeros, asegura Manu, están entre los tantos momentos que se disfrutan mucho, como el de empujar la bici a la parte más alta de un camino empinado o dar con ruinas prehispánicas que no figuran en los mapas pero allà están.

A donde la ruta lleve
Los detalles de la experiencia, asà como las novedades que van surgiendo en el camino pueden conocerse en redes, visitando la cuenta @enunapedaleada. También es un canal abierto a quienes quieran acompañar la aventura con algún tipo de colaboración. “No buscamos dinero, pero nos vienen bien otros elementos como indumentaria y accesorios o repuestos de ciclismoâ€, transmite el dúo viajero.
A bordo de las bicis viajan todos los elementos necesarios para comer, higienizarse, dormir en lugares con temperaturas muy altas o muy bajas. Pueden, por lo tanto, adaptarse a las condiciones que imponga cualquier ruta agreste.
Al iniciar el tour, y dado que el propósito es el de no volver quizás en mucho tiempo, procuraron hacerse de un equipo lo más completo posible, de acuerdo a lo que les permitió la ecuación precio-calidad. Entre los bártulos no faltan algunos elementos que hacen a otro tipo de necesidad: un pianito plegable en el caso de Richard, herramientas para pintar en el de Romi. Viaja el cuerpo, pero también el alma.

“Vamos reponiendo cosas chiquitas, pero la verdad es que no nos hace falta nada para atender nuestras necesidades cotidianasâ€, observa Richard. “Por ahà estarÃa bueno achicar un poco el volumen de la carga, esto es cambiar algunos elementos por otros más pequeños o especÃficos, pero esa mejora técnica la iremos resolviendo a medida que vayamos juntando algún recursoâ€, añade.
Algunos elementos -un trÃpode para transmitir en redes o una toalla para dar algún ejemplo- se perdieron en caminos ásperos. “El que más pierde sin dudas soy yoâ€, bromea Richard mientras Romi asiente cómplice.
La convivencia full time, lejos de representar un inconveniente, resultó un factor que permitió a la pareja afianzarse. “Nos llevamos maravillosamente bien. Hay a lo mejor algún enojo chico, pero es mÃnimo y esporádico. Creemos que la buena convivencia tiene bastante que ver con conversar mucho y acerca de todo, fundamentalmente antes de tomar alguna decisión, aunque sea pequeñaâ€, pronuncian a dos voces.

Diferente fue, coinciden del mismo modo, cuando absorbidos por sus ocupaciones y la necesidad de generar el ‘colchón’ económico que les permitiera emprender el viaje, se veÃan poco. “Casi nos separamos en el medio de los preparativos. Prácticamente no podÃamos vernos. Terminábamos cada dÃa muy cansados y era un verdadero problema. Ahora no será todo color de rosa, pero de verdad que es una convivencia muy buenaâ€, afirman.