
En el marco del programa municipal “Esquinas por la Memoria”, el miércoles se llevó a cabo en 11 y 153 un acto durante el que se dejó inaugurada señalización en memoria de Lucía Swica, quien fuera secuestrada el 18 de mayo de 1978 y asesinada el 20 de julio del mismo año, por personeros de la última dictadura.
Con la participación de integrantes de su familia, a la vez históricos vecinos del barrio, de autoridades comunales y referentes de organismos de derechos humanos, se evocó en la jornada la figura de quien fuera docente y psicóloga, además de activa militante de organizaciones políticas entre fines de los ‘60 e inicios de los ’70.
“A 48 años de su secuestro y desaparición, reafirmamos el compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia, sosteniendo la importancia de defender los derechos humanos y la democracia frente a cualquier intento de negacionismo”, expuso en la oportunidad la directora municipal de DDHH, Mara González.

A la vez, indicó que cada esquina señalizada en el marco de esta iniciativa, que se comparte con la Mesa distrital de DDHH y la Comisión Permanente por la Memoria de Berisso, representa ‘una marca colectiva contra el olvido’ y una invitación permanente a construir memoria en los barrios y en la comunidad.
Según se detalla en el libro “Las vidas que nos faltan”, en la que Jorge Drkos y colaboradores recrean las historias de las más de las cien personas ligadas a Berisso que fueron detenidas, desaparecidas y asesinadas en los ’70, Lucía Swica estudió en el Liceo platense y se recibió de Psicóloga en 1967. Por aquellos años vivió en la casa familiar de 11 y 153, junto a sus padres y a su hermano, el ‘bebe’, años después reconocido en el distrito por su trayectoria en la medicina.
En 1968 se incorporó a un grupo denominado ‘la Organización’, que dio sus primeros pasos de la mano de estudiantes de la Facultad de Humanidades y un año después se casó con Jorge Caravelos, ligado a la FAL, sindicado como co-autor de una serie de operativos por los que debió pasar a la clandestinidad.
Las circunstancias hicieron que Lucía se radicara transitoriamente junto a su pareja en Córdoba. Allí, ambos participaron de distintas acciones contra el régimen militar y a favor de los habitantes de barrios populares, hasta que en abril de 1972 fueron detenidos para luego ser trasladados a la cárcel de Villa Devoto, en donde recuperaron la libertad cuando en 1973 llegó al gobierno Héctor Cámpora.

La pareja se radicó entonces en Villa Argüello, pero al poco tiempo se produjo su separación. Sofía consiguió tomar algunas horas como docente en Humanidades, pero con la muerte de Perón y el asesinato de dirigentes de ATULP a manos de la CNU fue cesanteada como otros docentes ingresados en esos meses. Consiguió luego trabajo en el Politécnico de Berazategui y se radicó allí junto a su pequeña hija Sofía, por entonces con 3 años de edad. Y poco tiempo después intentó rehacer la relación con Caravelos, alquilando un departamento en Villa Elisa. Corrían ya por entonces tiempos de una nueva dictadura, la más sangrienta, y su destino quedó sellado cuando en mayo del ’78 ambos fueron detenidos y alojados en el centro clandestino de detención ‘La Cacha’ y la Comisaría Octava de Villa Elvira. Sus cuerpos aparecieron calcinados en el interior de un auto en un fraguado accidente, según se pudo probar en 2016 en el marco de los juicios por la Verdad. Los restos de ambos, que figuraban como NN, fueron identificados por el Equipo de Antropología Forense en el cementerio de Florencio Varela, e inhumados con sus nombres en el cementerio platense.