Por Julio Milat

Una Ordenanza reciente lo nombró Humedal Urbano, con todo lo que ello implica: diversidad, naturaleza y beneficios que comienzan a ser más conocidos.
Siempre es la mirada de cada individuo, donde unos ven aguas turbias, ratas y basura, otros apreciamos el delicado entramado que ofrece esta cuña ribereña dentro de una ciudad.
Este invierno bien frÃo desde sus comienzos modela las orillas del Génova. Las bajas temperaturas sostenidas por dÃa viran lo verde hacia el lado de los ocres y pardos.

El Camalote parece secarse en su superficie, los árboles despiden cualquier colgante verde llamado hoja y se concentran en su centro, en tronco y raÃces, en optimizar el recurso suelo. Transitan un compás temporal que achica las distancias hacia una cálida primavera.
Es el tiempo donde aparecen los ángeles, son los tiempos de las Garzas blancas y las Garcitas blancas. Ese blanco que trata de iluminar las sombras de la vegetación. Las aguas frÃas brindan el sustento de pequeños peces que tratan de resguardarse bajo la alfombra de camalotes.

El Carau, con esa forma de transición incompleta a garza, detecta y abre con precisión quirúrgica a los Caracoles manzana que pueblan el humedal.
Por estos dÃas tuvimos la presencia de la garza más grande y delicada de estos pagos. La Garza mora, solitaria y desconfiada, nos regalaba su belleza desde los embalsados.
Juveniles de Garza Bruja decidieron también visitar el Humedal y armar un improvisado dormidero. Brujas por su actividad nocturna y por sus graves gritos que acompañan sus vuelos.

El MartÃn Pescador Grande… una sinfonÃa tricolor va y viene patrullando las aguas en busca de Sábalos, no tan numerosos como hace algunos meses.
Flores casi no hay, solo los ramilletes de Amor seco brindan alimento a abejas y a alguna mariposa Monarca en vuelo atrasado.
Los árboles sin hojas pero activos con sus visitantes alados, los Tordos Músicos recorren la media altura, buscando cualquier cosa que sirva de alimento, mientras emiten sus delicadas notas haciendo honor a su nombre.
En estos dÃas muy grises y frÃos, hay un ave que parece no coincidir con la estación, es el Picaflor bronceado, especie que se queda a pasar el invierno con nosotros. Las flores de los Eucaliptus o los faroles floridos de los Aloes, le brindan el néctar necesario para volar y brillar como si fuera verano. Los Horneros entretenidos en construcciones tempranas de sus nidos, cientos de viajes con barro y pasto en su pico y cantar fuerte a dúo en cada encuentro.

Son más de cien las especies de aves registradas para este Humedal y hace unos dÃas incrementó su número con un grupo de cinco Carpinteros blancos, una cuarta especie del grupo que se está haciendo cada vez más presente en la región.
En el agua, las Pollonas, reinas del Humedal, navegan las mismas, balanceando sus cuerpos hacia adelante y terminando de criar a sus juveniles nacidos aquÃ.
Tortugas, Lagartos overos y alguna culebra, desaparecidos de escena, transitando estos dÃas ocultos, esperando nuevos soles que activen sus frÃos metabolismos.
El RÃo de la Plata inyecta aguas nuevas todos los dÃas al Humedal, y este recambia sus energÃas.
Invierno en el Humedal Urbano Génova, respira y alberga toda su diversidad en los dÃas más cortos del año.