
Por Daniel Ridner
Al cumplirse el sexto aniversario de su fallecimiento, vuelvo a recordar a mi querido amigo y compañero Carlos Leveratto.
Desde el año 1986 estoy en el club Estudiantes de La Plata. Me desempeñé en el área de Cultura y RRPP, también en Prensa, y esto me posibilitó conocer profundamente a gente muy querida y respetada, uno de ellos fue Carlitos.
Soñó y llevó adelante junto a otros compañeros la creación de la Filial Miguel Ángel Lauri (orgullo de nombre). Concurrí a su inauguración y a muchas reuniones de la filial. Recuerdo una cena homenaje (supervisada por Carlitos hasta el más mínimo detalle) donde le hicieron un reconocimiento a Ramón Alberto Aguirre Suarez.
En la década del 90 trabajé en una entidad bancaria de Buenos Aires y el día del empleado bancario fue asueto. Al mediodía invité a mi esposa a almorzar y si bien en La Plata, Ensenada, Gonnet y City Bell hay muchos restaurantes, la elección fue disfrutar un almuerzo en mi ciudad.
Frente al Cine Progreso había una parrilla-restaurant: “El Inmigrante”, sobre el puente. Recuerdo habernos encontrado con Carlos, quien se acercó a mi mesa, sorprendido por mi presencia pero muy contento cuando le dije que volver a Berisso era volver a disfrutar mi vida. Luego del café pedí la cuenta y esa cuenta no existía, Carlos la había pagado antes de retirarse sin decir nada ni esperando un agradecimiento.
Recuerdo su invitación al cumpleaños de 15 de su querida hija, en Block de 122 y 50.
Fue mi compañero de Comisión Directiva en Estudiantes en la presidencia del querido Edgardo Valente. Carlos me decía que él era feliz en la filial y estaba orgulloso de integrar la CD, pero pertenecía a Berisso y a su filial.

Su sonrisa permanente, su apretón de manos, sus abrazos, su sensibilidad, el amor por la cultura y su querido cine Victoria (al que concurrí desde la década del ‘60), reflejan lo que todos dicen: Carlos Leveratto era de Berisso. Y podemos agregar que nuestro querido Carlitos Leveratto “era Berisso”.
“La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente” (Francois Mauriac)