Por Julio Milat (*)

Hace unos tres años sufrimos en la región una intensa ‘seca’, marcada en todo sentido y causa de falta de pasturas y pérdida de muchos animales para los productores. Pero el efecto más elocuente golpeó infinitas cadenas de vida: desde las que no vemos hasta las conocidas de peces y anfibios.
Fue tan importante la seca que en los bajos y cursos de agua cambió la vegetación y crecieron cardos. Y las ciudades, muchas veces indiferentes a los vaivenes naturales, sufrieron las rajaduras de muchas casas por la ausencia de agua en las napas del suelo.
Sin embargo, esta primavera respira aliviada. Las lluvias recompusieron las banquinas, los bajos y los arroyos. El agua moja, impregna, humedece y activa los delicados sensores de muchos organismos que se lanzan a hacer lo que mejor saben, reproducirse.

Cada depresión reverdece y florece, estableciendo los trazos de praderas floridas como las del Pescado. Quedan a la vista aguas color caramelo intenso, pero no por contaminación, sino por la gran cantidad de energÃa y vida. Es ése el color de lo orgánico, de las cadenas activadas cumpliendo ciclos y multiplicando las interrelaciones.
Es un verdadero placer disfrutar del agua de noviembre en nuestra región, tanto en el arroyo El Pescado como en pequeños cursos de agua aún no bautizados. Allà están todos: colmatados de agua y vida. Allà están, permitiendo cumplir todas las presencias que ofrece el agua, desde la larva de un Alguacil hasta la magnificencia de una Cigüeña.
El color de los camalotes
La naturaleza de esta primavera no da respiro. Casi en simultáneo, cada integrante del elenco natural decide aparecer o florecer. Algunas de las imágenes que acompañan este escrito corresponden al Canal Este, uno de los canales construidos en 1890 para la circulación adecuada de las aguas del flamante Puerto de la Plata.
A dicho canal le tocó luego rodear la RefinerÃa de YPF y pagó las consecuencias de las derivaciones de muchos derrames o accidentes derivados de los procesos con hidrocarburos. Muchas sustancias relacionadas con esos productos eran conducidas a estos canales en lo que constituÃa una práctica habitual.

Pasaron los años, las conductas ambientales cambiaron y hace muchos años que no se liberan restos de hidrocarburos a estos cursos de agua. Fue asà que comenzó el trabajo de la naturaleza, poblando las orillas con plantas acuáticas y palustres que son enormes remediadoras de aguas contaminadas. Además, estos canales siguen recibiendo todos los dÃas el refrescante aporte de las aguas del RÃo de la Plata, al cual están conectados. Esto trae nutrientes, organismos, peces y aguas nuevas.
Entre las plantas fundamentales se encuentra el camalote, en este caso Pontederia crassipes, que por estos dÃas florece con toda su energÃa.
Esta especie, que en otros ambientes se presenta como invasora, desarrolla aquà un trabajo importantÃsimo en la remediación de las aguas. Y como corolario de su efectividad, florece, pintando un bellÃsimo paisaje.

Las aguas y los sustratos de este Canal siguen con restos de hidrocarburos. Las aves tiñen sus picos y se manchan las patas, pero la vida aquà es increÃblemente diversa a pesar de las viejas y malas prácticas.
Parece una paradoja que les muestre esta floración en uno de los cursos más contaminados, pero asà lo demuestra el accionar de la naturaleza: si la dejamos actuar correctamente, si no intervenimos torpemente, nos regala estos momentos.
Tanto que hablamos de restauración ambiental, aquà se hace cada dÃa sin nuestra intervención. A veces ‘no hacer’ es ‘lo mejor que se puede hacer’ para favorecer a nuestros ambientes.
Cuando vayan por la Avenida del Petróleo que comunica Berisso con La Plata, disminuyan la velocidad, dejen de mirar los celulares y giren sus cabezas hacia su derecha. Sus miradas se llenarán de lilas y verdes y sin dudas su dÃa será un poco mejor.
