Sábado 07 de marzo de 2026
Javier Jara hizo cumbre en el Aconcagua
Amanecer del día de ataque a la cumbre

Coronando un proceso progresivo que llevó años y tras casi doce horas de ascenso en hielo y nieve desde el último campamento ubicado a 6000 metros de altura, el 14 de enero el berissense Javier Jara alcanzó el techo de América.

Con 6.960,8 metros sobre el nivel del mar y ubicado en la provincia de Mendoza, el cerro Aconcagua es el pico más alto de Argentina, de los Andes y de América. Conquistar su cumbre equivale a pararse en el techo del continente y resulta una experiencia reservada para unos pocos, entre ellos y desde este enero, el abogado berissense Javier Jara, un apasionado del básquet y de las actividades deportivas en general.

El desafío estaba latente desde hacía tiempo y la decisión de afrontarlo fue madurando de la mano de años de preparación y meses de entrenamiento y planificación. No se trata, claro está, de un reto que pueda enfrentarse de la noche a la mañana.

Su camino hacia la conquista del ‘Centinela de Piedra’, incluyó varios hitos previos. Primero fueron la cumbre en el Volcán Lanín, localizado en Neuquén y con una altitud de 3747 msnm, así como varias travesías en el cerro Tronador de Bariloche, en la provincia de Río Negro.

Javier Jara hizo cumbre en el Aconcagua
Cumbre Cerro Aconcagua

Cumplidos dichos objetivos decidió integrarse a un club de montaña de la provincia de Tucumán, para conquistar picos de mayor altitud. Así llegó el ascenso al Nevado de Chañi, punto más alto de la provincia de Jujuy con 5896 msnm, y el Nevado de Aconquija – Cerro el Bolsón, ‘techo’ de la provincia de Tucumán con 5550 msnm, experiencias ambas que implican largas travesías en lugares verdaderamente inhóspitos.

“El entrenamiento físico y la adaptación previa son claves en este tipo de actividad. Al mismo tiempo creo que es necesario tener mentalidad resiliente y sentir atracción por los desafíos que propone la montaña”, expone Jara, ya cumplido el anhelo que lo desveló durante tiempo, luego de repasar la evolución del proceso en el que fue conociendo el modo en que su cuerpo reaccionaba ante las distintas exigencias.

Javier Jara hizo cumbre en el Aconcagua
Noche en Campamento Confluencia

“Hay que prepararse, porque en la altitud todo cambia: la respiración, la frecuencia cardíaca, la hidratación, el apetito. Es vital conocer cómo nos sentimos ante el ‘mal de altura’, también conocido como apunamiento”, agrega, destacando que en caso del Aconcagua existen controles médicos obligatorios, a cargo de profesionales de jerarquía y con una importante experiencia en este tipo de actividad.

Ir paso a paso es precepto para quienes quieren cumplir con el ascenso. La montaña encarna riesgos múltiples, en ocasiones mortales. De hecho, durante este enero, el cerro se cobró la vida de dos andinistas extranjeros.

Javier Jara hizo cumbre en el Aconcagua
Atardecer en Campamento Nido de Cóndores (5550 msnm)

Mapa preciso, momento oportuno

Integrando una expedición de diez participantes, en un día en el que se pronosticaban vientos fuertes, Jara -que autogestionó el último tramo de la ruta normal ascendente- afrontó casi doce horas de ascenso en hielo y nieve desde el último campamento ubicado a 6000 metros de altura. Junto a una compañera del equipo de Tucumán, consiguió hacer cumbre el 14 de enero.

La situación menos favorable en cuanto a clima llegó una vez instalados nuevamente en aquel campamento terminal, que se vio afectado por un viento blanco de más de 100 km/. Esa, afirma, es ‘otra historia’ que merecería un capítulo aparte en el relato de una experiencia que ‘no es turística, sino deportiva’.

Javier Jara hizo cumbre en el Aconcagua
Aconcagua pared Sur

El éxito en la empresa, sostiene del mismo modo, tiene en la actividad del club y los coordinadores una pieza clave. “Se van convirtiendo en artífices de lo imposible, con información precisa de los lugares y del equipamiento que muchas veces escasea o se torna costoso. Cuando empezás a armar el equipo no es fácil, pero averiguando encontrás alternativas para todos los bolsillos, sin descartar lugares donde alquilar lo que haga falta”, comenta.

A la vez, incentiva a soñar con intentar el ascenso a quienes incursionan en el mundo del andinismo. “Creo que hoy en día se da una coyuntura ideal para incursionar en actividad, aprovechando el bajo costo de vuelos nacionales”, plantea.

Finalmente, alude a su hábito de portar la celeste y blanca a la hora de iniciar cada nuevo ascenso. “Desde que di los primeros pasos en la actividad vengo pensando y diciendo lo lindo que es nuestro país. A instancias de mi madre, incorporé esto como una forma de mostrar y valorar que esa geografía extraordinaria es nuestra”, sostiene.