Por Julio Milat (*)

Con 35 km. de extensión, uno de los cursos de agua más importantes de la región recorre los partidos de La Plata y Berisso. Es un curso natural, cuya cuenca en sus partes alta y media se nutre por las lluvias y en su parte baja recibe el aporte del RÃo de la Plata.
Intenta seguir siendo uno de los pocos arroyos sin contaminación. Para ello, debe confrontar el avance inmobiliario desmedido en La Plata, y la cercanÃa de pequeñas industrias, junto al avance de los invernáculos de la producción frutihortÃcola.

Desde tiempos de miles en que el Mar Querandinense decidió retirarse, el arroyo buscó su camino entre los bancos recientes de conchilla para alcanzar su parte más baja, que luego serÃa su desembocadura en el rÃo más ancho del mundo (Esto lo cuenta más lindo mi amiga y Geóloga Laura Boff). Asà se fundamenta el sinuoso recorrido desde Ruta 11 en tierras hoy de Berisso.
Un curso de agua con todos los atributos de los humedales, su planicie de inundación, perfectamente marcada en Los Talas, formando un visible escalón. Totalmente seco en la sequÃa de hace tres años, o ensanchado e hinchado de azul en la gran inundación platense de abril del 2013.

En su parte baja berissense corre casi encajonado, con altas barrancas que dejan leer el pasado geológico de la región.
Aporta humedad y diversidad a los talares. Desde su desembocadura estira la distribución de Laureles de monte y Palos amarillos en tierras de espinas. Sus orillas portan enormes CurupÃes y Ceibos gigantes. Todo esto permite el camino del agua. Una arteria verde de hojas cruzando un pastizal dorado.

Según estudios de la UNLP, sus aguas transportan más de 50 especies de peces, que entran y salen del Gran RÃo. Biguáes, garzas y patos consiguen su alimento allÃ. Los árboles de sus orillas portan lÃquenes y enredaderas. Asà trepan el Tasi, la Papa de RÃo y las Zarzaparrillas entre espinas de Tala y Coronillo.

En la base crece otra enredadera, con hermosas y delicadas flores que recuerdan a alguna carnÃvora, la Aristolochia, planta nutricia de la hermosa mariposa Borde de oro.
Cada curva del agua se codea con puntas de conchillas y espinas. Justo encima de los antiguos bancos de conchillas, crece el bosque caracterÃstico de la región y que da nombre a la misma, Los Talas.
Las playas barrosas sirven de calcos a las huellas pequeñas de algunos roedores y comadrejas. Se cruzan con las de gato montés y las más grandes de los Carpinchos.
La Ley de Paisaje Protegido intenta afirmarse en la guarda de estos lugares, pero falta lo más importante, su plan de manejo. Esto permitirÃa delimitar, sectorizar las diferentes áreas y recomendar todo lo bueno para este camino del agua.

No hay solución hidráulica del hombre que se compare a todos los beneficios ecosistémicos que ofrece este arroyo.
No es necesario malograr o perder algo para darle el valor que merece.
Pocas cosas se comparan a caminar sus orillas y ver la bajada del sol entre talares.
Que sus aguas sigan fluyendo entre la belleza de sus bordes y el sentido común y la coherencia de los hombres.
(*) El autor está actualmente al frente del Espacio de Educación Ambiental y Patrimonio Natural de la Dirección municipal de Cultura