PROTAGONISTAS

Luis Sixto Romano - Profesor, dibujante, cartógrafo

El escudo de Berisso entre su legado

10:44hs
viernes 22 de mayo, 2020
Foto: UNLP

Sin dudarlo, desde el seno de su familia del corazón lanzaron una convocatoria. La misión fue efectuar una ‘difusión masiva de amor’ para dar forma a un inventario afectivo que refleje lo que dejó Luis Sixto Romano al partir, en los últimos días.

El disparador fue una publicación de María González, quien expresó inicialmente las ganas de transmitir un fuerte abrazo colectivo a su mujer, agradeciendo finalmente a quienes compartieron alguna anécdota al enterarse de la muerte.

“Abrazo enorme a todos los que lo recuerdan en este día de tan profundo dolor. Gracias. Luis nos dibujo una marca en el corazón a todos, llena de aventurescas enseñanzas”, escribió María en Facebook.

Romano, como le decían los alumnos, dejó cientos de historias. Federico cuenta que a una clase llegó con una caja llena de ‘tesoros’. Había lápices y elementos que utilizaba para dibujar cuando era chico. Al abrirla, aquel hombre que por entonces enseñaba caligrafía y dibujo técnico en el Bachillerato de Bellas Artes no pudo evitar que corrieran por sus mejillas algunas lágrimas.

La vocación nació temprano. En vacaciones. Casi de casualidad. Por la playa se paseaba un hombre de gafas negras junto una rubia deslumbrante. Se subieron a un Buick rojo. ‘¿Quién es?’, interrogó a su papá. ‘Yo quiero ser cómo él’, mencionó sin saber que hablaba del reconocido Divito, en ese momento acompañado por la actriz Analía Gadé.

Pasado un tiempo, una de sus tías le compró una caja con 6 pinturitas, una hoja canson y un tablero de madera donde hizo un dibujo que presentó en la peña de las Bellas Artes de La Plata (en 6 entre 49 y 50, frente al pasaje Dardo Rocha). Y ganó el primer premio de dibujo infantil.

Se trata de un episodio que tuvo lugar en 1947, cuando Romano tenía apenas diez años. Fue la primera vez que usó traje, uno que su padre compró en una tienda llamada “El Niño Elegante” de 7 y 54. El premio se lo entregó el gobernador, Domingo Mercante. Era una libreta de la Caja Nacional de Ahorros y una billetera de cuero.

En el acto estaba presente el director del curso nocturno de dibujo para obreros y empleados de Bellas Artes, que era amigo de su papá, al que motivó para que enviara al joven Luis a aprender dibujo formalmente.

Al otro día lo acompañaron en el tranvía. Se bajó en 1 y 60 y ahí nomás le presentaron a Carlos Aragón. “El mejor plástico argentino que conocí, el que hizo los murales del Ministerio de Obras Públicas. Un re capo”, definió alguna vez para una nota publicada en la revista “La Pulseada”.

En el kiosco de la escuela compraron una hoja de papel de croquis, una carbonilla y cuatro chinches. Así Romano se mezcló con otros aprendices que tenían 18 años y un empleo. Sin embargo, al poco tiempo, ya los superaba: vendía los dibujos y se compraba cigarrillos.

Su talento para el dibujo lo llevó a ser cartógrafo. Su primer mapa fue el de Carmen de Patagones. Con otras siete hojas formaban la provincia completa. A veces tardaba un año en realizar el trabajo que llegaba a través de los datos de los agrimensores para luego convertirse en líneas.

Dibujó muchos de los mapas que aun cuelgan en oficinas públicas. También llevó adelante el Plan Regulador de varios municipios, manzana por manzana, para permitir que cada Ejecutivo analizara el recorrido del transporte, los proyectos de cloacas o de urbanización en general.

En todo el país habría diez cartógrafos, rememoraba al ser reporteado, al tiempo que admitía haber dibujado el plano de todos los studs clandestinos de nuestra ciudad, donde cobraba con ‘fijas’.

“Nadie conoce Berisso como lo conozco yo”, se ufanaba a veces. O increpaba: “Póngase de pie si va a cantar Berisso”.

Nacido y criado en el barrio ‘Las 14’ pensaba que había nacido en la familia equivocada. “Mi familia era muy gorila. El 99,99% de la ciudad era peronista. Pero los chicos teníamos que hacer lo que mandaba el viejo”, explicó alguna vez.

Ligado desde el afecto al pueblo que lo vio nacer, fue el creador del escudo de Berisso. En él se pueden ver el río, las chimeneas de los frigoríficos y los saladeros, así como ‘la hospitalidad que dio el cielo a los de esa tierra’. “Así se forma una “B”, explicaba, definiendo el isotipo y diferenciándolo de un logotipo.

Dar a luz el escudo no fue un desafío sencillo. Si tomaba como base un escudo tipo español, provocaría la reacción de los italianos, o los polacos. Dejó asentada dicha circunstancia en los fundamentos de su trabajo. “No se encuentra fuera o dentro de él ningún simbolismo representativo de linaje o razas; sólo los de la naturaleza o el trabajo”, afirmó oportunamente.

Romano se formó en dibujo en el bachillerato de Bellas Artes de La Plata, donde después ejerció como profesor, destacándose tanto a nivel técnico como humano. Amaba armar barcos dentro de botellas. Fue profesor de Caloi y conservó hasta sus últimos días las carpetas que entregaron María Claudia Falcone y Francisco López Muntaner, desaparecidos de la Noche de los Lápices.

Romano se fue y cientos de ex-alumnos, y compañeros volvieron a relatar anécdotas que lo tienen en rol protagónico. De pie, como él invitaba cada vez que alguien se disponía a ‘cantar Berisso’.


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