Por el naturalista Julio Milat


El frÃo desnuda las estructuras que sostiene al follaje; desde mediados de otoño las hojas forman parte del suelo. Ésta es una de las funciones más importante: proteger al suelo de las bajas temperaturas y las primeras heladas.
La hojarasca, como el colchón más mullido, mantiene como puede la temperatura del suelo, para que todo el mundo microscópico lo siga degradando y nutriendo hacia abajo.
Otra caracterÃstica del invierno en el Monte es el silencio. Las voces se aquietan. Cada tanto, los Zorzales emiten algunos silbidos, como intentando achicar la distancia hacia la Primavera.
El ronquido corto del Hocó colorado irrumpe desde el follaje, descubriendo a la garza solitaria adicta a estos paisajes.
En las mañanas soleadas y al atardecer, las gallinetas le ponen color y sonido, el Ipacaá y el Chiricote gritan a dúos acompasados, anunciando el principio y final de dÃas muy cortos.
Se pueden distinguir las formas de los árboles, las hileras de Sauces y Ãlamos, creciendo y esperando el momento de sus cortes, mutando a cajones de verduras o pasta celulósica.
El bucle productivo de un bosque ordenado, alineado y preparado para en algún momento desaparecer…


¿Estarán conectados entre sà estos miles de ejemplares? ¿Sabrán que dan nombre al Monte?
Las enredaderas no les preguntan si son Monte o Bosque, trepan en sinfines alrededor de ellos. La Dama de noche, la Madreselva y las Campanillas los abrazan, adorando sus estructuras que permiten ir en busca de la luz.
Inmigrantes, el Ligustro y la Ligustrina cumplen sus ciclos como si estuvieran en los veranos asiáticos. TraÃdos a la punta del otro hemisferio fructifican en abundantes racimos que el frÃo no altera. En un Monte pelado, estos frutos atraen a Zorzales, Celestinos y Juan Chiviros, que contribuyen sin saber a diseminar plantines por todo el Monte, depositando latentes semillas en sus diminutos excrementos.
De algunos árboles cuelgan pelotas de cartón, algunas muy grandes y alargadas: son los panales de las Avispas CamoatÃ, que pequeñas y con una mancha amarilla resisten las bajas temperaturas a esas alturas.
También dan nombre al histórico Club de Fomento, de la calle Unión, gloria dorada de partidos de Básquet y partidos de Bochas.
Las escamas descansan en placenteros sueños, enterrados en el suelo o en algún confortable agujero de un árbol, asà culebras, lagartos y tortugas saltean el invierno y sus bajas temperaturas.
El Monte es silencioso, pero de pronto comienzan a escucharse diferentes voces. Voces de aves pequeñas, algunas insectÃvoras, aparecen barriendo los estratos en cerrado grupo. Asà observamos al PitiayumÃ, al Pijuà plomizo, al Boyerito y algunas otras.


Cuando el alimento falta, como en estos meses, algunas especies forman una “sociedad†sin firma ni contrato y recorren juntos el ambiente. AsÃ, optimizan la búsqueda del alimento y se benefician entre sÃ. Luego, con la llegada de la primavera, la sociedad se disuelve y cada especie vuelve a ser independiente. Este comportamiento grupal se denomina Columnas de Alimentación.
Cerca de los arroyos y zanjas se observan huellas y montones de excrementos que delatan a los Carpinchos, especie que ha aumentado su número considerablemente en la provincia de Buenos Aires. Están allÃ, entre la vegetación, percibiéndonos con la vista y el olfato.
El monte descansa, se retrae en volumen, ahorra energÃa, esperando a la Primavera, que volverá a visitarlo para vestirlo de verde.